To preach: v.tr.
1. to proclaim or put for in a sermon. preached the gospel.
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Caminaba por la plaza de Atotonilco cuando se me acercó el niño que pedía cincuenta centavos. Le dije que no tenía monedas. Me miró por un par de segundos, seguro de que cambiaría de opinión. Luego siguió su camino, hacia la siguiente señora que también le diría que no. Solo eran cincuenta centavos, chingado. En ese momento toda mi realidad se proyectó en reversa. Verán. Me despedí de mi madre y mi pareja a las seis de la mañana para manejar por un camino sinuoso y lleno de baches. Llegué al pueblo donde sería el evento y me aposté en una de las mesas. Ahí dediqué el resto de la mañana a proclamar mentiras. Una detrás de la otra.
Me he puesto a pensar en cuántas vidas he destruido con mi hacer. Cuánto me pagan para andar de pueblo en pueblo, diciendo la palabra de un dios falso y un cielo que nunca llegará. Rompiendo los planes de jóvenes que sueñan con una vida mejor, y que yo les prometo que lograrán si me dan sus rezos.
Ese niño al menos pedía cincuenta centavos. Yo no tuve para ayudarlo, ni a él ni a todos los que vi más temprano.
He vivido años viendo cómo esta religión engulle, digesta y excreta seres humanos. Buenos seres humanos. Personas con sueños que terminan pensando que no valen ni el suelo que están pisando. El sábado pasado vi a una de ellas, una de las que no pudo con el proceso de santificación. Su mirada triste y desencajada me lo dijo todo. No fueron mis palabras las que la convencieron, pero no puedo alejarme de la responsabilidad que comparto con todos los que decimos estos rezos.
Los que culminan la santificación solo se vuelven depredadores y proclamadores. Nuevos falsos profetas que irán por nuevas víctimas. Lo que termina importando más es la reproducción del mensaje, más que el producto que estemos logrando. El sistema se alimenta de ingenuos, no de resultados.
En la discusión de ayer, un ministro dijo que lo que más importaba era la libertad del individuo. Envenenemos sus ideas con una grabadora.
jueves, 5 de noviembre de 2015
martes, 25 de agosto de 2015
las pinches tijeras
"si tan solo pudieran cuantificar cuánto me he sacrificado por ustedes", escribió la señora mientras enjugaba sus lágrimas. El lápiz se fue quedando sin punta, pero con la arista chata siguió su monólogo, "los días y meses que he pasado frente a este monitor para que ustedes tuvieran algo qué comer y calzar".
Se fue en la última ronda del camión. Pagó tres cincuenta y le dieron un boletito de papel cebolla. Cuando era joven solía contar y sumar los dígitos para lograr un total de veintiuno. Ahora no tenía cabeza para eso, solo para mirar por la ventana. Podría ser la última vez que viera ese barrio.
La última parada era por la salida a Campeche. Decidió que si seguía más al norte, solo conseguiría hacer más largo su regreso, cuando le pidieran perdón y ella accediera. La señora calculaba que la nota la leerían sus hijos a eso de las ocho de la noche, cuando regresan de la oficina. Se mirarían perturbados (casi podía ver sus rostros desencajados). Luego intentarían telefonear a los amigos para saber si algo habían notado raro en ella. Finalmente, encontrarían a la amiga que les diría, una semana después, su plan.
Pero volvamos al principio de todo esto. Sucedió esa mañana cuando no encontraba sus tijeras de jardín. Ya le había dicho que podía tomar todas las tijeras, menos las rojas ¿Cómo se iba a imaginar la concatenación de eventos que su reacción provocaría?
Se fue en la última ronda del camión. Pagó tres cincuenta y le dieron un boletito de papel cebolla. Cuando era joven solía contar y sumar los dígitos para lograr un total de veintiuno. Ahora no tenía cabeza para eso, solo para mirar por la ventana. Podría ser la última vez que viera ese barrio.
La última parada era por la salida a Campeche. Decidió que si seguía más al norte, solo conseguiría hacer más largo su regreso, cuando le pidieran perdón y ella accediera. La señora calculaba que la nota la leerían sus hijos a eso de las ocho de la noche, cuando regresan de la oficina. Se mirarían perturbados (casi podía ver sus rostros desencajados). Luego intentarían telefonear a los amigos para saber si algo habían notado raro en ella. Finalmente, encontrarían a la amiga que les diría, una semana después, su plan.
Pero volvamos al principio de todo esto. Sucedió esa mañana cuando no encontraba sus tijeras de jardín. Ya le había dicho que podía tomar todas las tijeras, menos las rojas ¿Cómo se iba a imaginar la concatenación de eventos que su reacción provocaría?
Unísono
Frente al pelotón que se congregó esa tarde para acabar con su vida, RM alegó que lo hizo para que tres niños supieran escribir mejor y sacar mejores cuentas. Los disparos, en un relámpago unísono [un trueno unísono, asno. Los relámpagos no suenan]. Decía, en un trueno unísono, acabaron con su vida.
miércoles, 12 de agosto de 2015
el año de las lombrices
Aguascalientes es una ciudad de ciclos tan precisos que dan
miedo. Por ejemplo, los veranos tienen una exactitud y una semejanza milimétrica
entre un día y el siguiente. Irremediablemente a las seis de la tarde el cielo
se cierra y llueve con una fuerza de tormenta caribeña. También, cada año algún
insecto prolifera.
Hace dos años que llegué, los gusanos quemadores recorrían
las calles como si se trataran de autobuses. Peludos, iban de un lado a otro
con una velocidad impresionante, seguros de tener que cumplir con una misión
imposible de entender para nuestras torpes consciencias. Fue triste que muchos terminaran
pisados por peatones y autos sin la menor intención de lastimarlos.
El año pasado fueron los chapulines. De los gusanos no había
rastro, pero por todos lados estos insectos saltaban a alturas espectaculares.
Sus conciertos en las noches fueron una sinfonía a varios niveles. A partir de
esa ausencia y nueva presencia me dispuse a documentar el animal que
acompañaría cada verano a la temporada de lluvias.
La cosecha de las milpas ya está a la vuelta de la esquina.
En algunos campos de hecho ya han comenzado a segar y moler, para alimentar al
ganado. Frente a la oficina aún crecen altas y elegantes.
Espero, observo el
piso, me quedo en silencio en las noches para intentar detectar quién viene
este año, o si alguno de los anteriores repetirá escenario.
He visto más hormigas que de costumbre, pero estas compañeras
están presentes durante todo el año y sería raro atribuirles la identidad de
este verano. Espero, pero comienzo a dudar. Tal vez este verano sea el de la
ausencia y el silencio ¿En qué momento se manifestarán?
También he visto zancudos en cada rincón, con sus zumbidos
atroces y las ronchas que siempre acompañan su presencia. Pero esos son
animales ajenos al misticismo y a los cálculos exactos que deben acompañar a un
ciclo solar.
En la casa se aparece una lombriz ahogada por los charcos y
la miro con detenimiento. Su aspecto tampoco ofrece remembranzas religiosas,
aunque noto algo en su estructura y en su postura. La levanto con un palito que
encuentro junto a ella. Se encuentra hinchada por el agua, impedida para
moverse. Recuerdo los días cuando coleccionaba lombrices en el terreno de la
casa azul. Las soltaba entre los surcos para que se enterraran en los lugares
donde yo sabía que podría encontrarlas después.
Tal vez agosto es muy pronto, pero algunos filósofos
consideran que septiembre ya es otoño.
domingo, 19 de julio de 2015
viernes, 26 de junio de 2015
¿y si nos rifamos al gato?
Querida Armandina:
Quiero proponerte que, en vista de la situación, nos rifemos al gato. Verás, primero te dije que era tuyo y que te lo podías llevar, pero tan pronto esas palabras salieron de mi boca, comencé a imaginar mi vida sin él. Correr en las mañanas sin tener a quién buscar cuando vuelva, o darle premio para que me platique mientras desayuno. Dormir por las noches frías o con tormenta sin que esté dando lata en la cama. O qué decir de cuando llego del trabajo y me grita desde la ventana de la oficina, bajando las escaleras, y finalmente desde la ventana de la sala.
Entiendo que éstas puedan ser palabras duras y que tal vez esté faltando a mi palabra, pero propongo la forma más simple y justa de distribución de un bien: un volado. Tal vez pueda ser dos de tres para que no haya tanto dramatismo.
Ayer que guardaba tus cosas, el gato no hacía más que preguntarme qué iba a pasar con él. No tuve los nervios para decirle que él también se metía a una caja. No pude meterlo.
Espero tu respuesta para hacer los arreglos correspondientes.
Buen día.
Quiero proponerte que, en vista de la situación, nos rifemos al gato. Verás, primero te dije que era tuyo y que te lo podías llevar, pero tan pronto esas palabras salieron de mi boca, comencé a imaginar mi vida sin él. Correr en las mañanas sin tener a quién buscar cuando vuelva, o darle premio para que me platique mientras desayuno. Dormir por las noches frías o con tormenta sin que esté dando lata en la cama. O qué decir de cuando llego del trabajo y me grita desde la ventana de la oficina, bajando las escaleras, y finalmente desde la ventana de la sala.
Entiendo que éstas puedan ser palabras duras y que tal vez esté faltando a mi palabra, pero propongo la forma más simple y justa de distribución de un bien: un volado. Tal vez pueda ser dos de tres para que no haya tanto dramatismo.
Ayer que guardaba tus cosas, el gato no hacía más que preguntarme qué iba a pasar con él. No tuve los nervios para decirle que él también se metía a una caja. No pude meterlo.
Espero tu respuesta para hacer los arreglos correspondientes.
Buen día.
martes, 16 de junio de 2015
te quiero mucho, hijo
Luego reportaron que había sido un error del logaritmo
9897665464, el cual tradujo las conversaciones privadas en públicas y
viceversa. La primera sorpresa al abrir Facebook ese día fue encontrar
conversaciones que definitivamente no eran para estar en muros, entre personas
que supuestamente no se hablaban tanto.
El índice de relaciones rotas ese día llegó al récord,
incluso superando el 14 de febrero de 2009, que extrañamente había sido el más
alto de la historia. Muchas amistades también se perdieron, y no se hable de la
cantidad de personas que, sumidas en la vergüenza pública, cerraron sus
cuentas. Aún no se tienen reportes sobre suicidios ese día, pero seguramente
encontraríamos un pico importante.
Las demandas en Estados Unidos comenzaron de inmediato, pero
Facebook se defendió aludiendo al contrato de privacidad al que todos le
pusimos “he leído y entendido los términos y condiciones del uso de servicio”.
Ahí claramente dice que las conversaciones públicas y privadas le pertenecen a
Facebook y, por lo tanto, los usuarios
no pueden demandar sobre algo que no les pertenece. Si la red social publicó lo
privado, en realidad solo publicó lo sub-público.
Peor que Wikileaks, porque esta vez nos tocó en la puerta a
todos. Tanto nos burlamos de las pifias del gobierno estadounidense en sus
cables diplomáticos, que nunca nos imaginamos que a nosotros nos pasaría.
Algunas de ellas se hicieron inmediatamente virales, no podíamos esperar otra
cosa, ¿o sí?
Tuve la fortuna de haber borrado todas mis conversaciones
privadas una noche antes, no sé si lo preví o simplemente tuve buena suerte.
Esa mañana mi muro apareció en blanco, salvo la conversación que tuve con mi
madre poco antes de dormirme, donde me regañaba por estar despierto a las once
de la noche, “te quiero mucho, hijo. Me siento muy orgullosa de ti”.
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