martes, 16 de junio de 2015

te quiero mucho, hijo

Luego reportaron que había sido un error del logaritmo 9897665464, el cual tradujo las conversaciones privadas en públicas y viceversa. La primera sorpresa al abrir Facebook ese día fue encontrar conversaciones que definitivamente no eran para estar en muros, entre personas que supuestamente no se hablaban tanto.

El índice de relaciones rotas ese día llegó al récord, incluso superando el 14 de febrero de 2009, que extrañamente había sido el más alto de la historia. Muchas amistades también se perdieron, y no se hable de la cantidad de personas que, sumidas en la vergüenza pública, cerraron sus cuentas. Aún no se tienen reportes sobre suicidios ese día, pero seguramente encontraríamos un pico importante.

Las demandas en Estados Unidos comenzaron de inmediato, pero Facebook se defendió aludiendo al contrato de privacidad al que todos le pusimos “he leído y entendido los términos y condiciones del uso de servicio”. Ahí claramente dice que las conversaciones públicas y privadas le pertenecen a Facebook  y, por lo tanto, los usuarios no pueden demandar sobre algo que no les pertenece. Si la red social publicó lo privado, en realidad solo publicó lo sub-público.

Peor que Wikileaks, porque esta vez nos tocó en la puerta a todos. Tanto nos burlamos de las pifias del gobierno estadounidense en sus cables diplomáticos, que nunca nos imaginamos que a nosotros nos pasaría. Algunas de ellas se hicieron inmediatamente virales, no podíamos esperar otra cosa, ¿o sí?


Tuve la fortuna de haber borrado todas mis conversaciones privadas una noche antes, no sé si lo preví o simplemente tuve buena suerte. Esa mañana mi muro apareció en blanco, salvo la conversación que tuve con mi madre poco antes de dormirme, donde me regañaba por estar despierto a las once de la noche, “te quiero mucho, hijo. Me siento muy orgullosa de ti”. 

miércoles, 27 de mayo de 2015

v

Vote. No anule su voto. Vaya a misa cada domingo y confiese su vida a un extraño. No suba los codos a la mesa. Sonría. Haga ejercicio por lo menos tres veces por semana. Recomiende este mensaje a todos sus amigos. Aplauda y celebre. Los años pasan solo para quienes no saben que la vida se trata de elegir entre tres pilas de lo mismo.

sábado, 23 de mayo de 2015

vidrio

Nació con una maldición que solo puede esconder pero nunca romper
El amor se le escurre entre los dedos
Le quedan solo recuerdos de lo que debió sentir
Solo sabe lastimar, pues es lo único que le enseñaron a hacer

Un vidrio roto. 

sábado, 25 de abril de 2015

Luciérnagas

Fui a la sierra de las luciérnagas a buscarme. Pienso en la noche cuando los perros nos acompañaron en el porche, y el silencio mezclado con grillos se volvió la mejor música. Una sinfonía esperando a que llegara. El olor a leña, la quieta calma. Quiero volver, solo para mirarme a través tuyo. Gracias. 

domingo, 5 de abril de 2015

miércoles, 1 de abril de 2015

lo he descubierto

Tardé en notarlo, mucho más en anotarlo: tú eres mi bromazepam. Por eso me refugio en ti, por eso eres irremplazable aunque insistas en sentirte ajena, ausente. Cada vez que te irritas y revientas todo, solo logras adherirme más al efecto que me causas.

miércoles, 18 de marzo de 2015

corte vertical

Me corté la muñeca por accidente mientras intentaba abrir un paquete que me llegó por correspondencia. Tomé unas tijeras grandes y las abrí para poder usar una de las cuchillas como cortador, mi fuerza falló y la hoja se fue directo sobre mi antebrazo. La cortada fue vertical, desde la base de la mano hasta poco antes de la mitad del brazo. Luego me enteré que ésa es la forma correcta de cortar las venas si es que buscas un suicidio efectivo. El corte transversal que ha puesto de moda la industria cinematográfica simplemente no logra que te desangres con suficiente velocidad, y normalmente terminas con una estúpida cicatriz y muchas explicaciones qué dar.

La verdad es que el corte vertical tampoco me ahorró las explicaciones. La herida no fue tan profunda como para dañar mis venas y provocar una hemorragia imposible de detener, más bien fue una cortada escandalosa y difícil de ocultar. Primero la porté con vergüenza y temor de generar percepciones equivocadas sobre el valor que le daba a mi vida. Las miradas irremediablemente iban a mi muñeca, aunque intentaba usar mangas largas y desviar la atención de ese punto de mi cuerpo. Normalmente fallaba, pues la herida era suficientemente profunda en la base de la mano como para hacer que los ojos imaginaran el resto del surco. En algún momento pensé en maquillaje, pero luego lo descarté por lo idiota del tema. No tenía nada qué sufrir, había sido un mero accidente. El estigma social era más profundo que la misma herida, y yo no hacía más que fortalecer ese motor.

La herida comenzó a tomar un tono marrón y se mimetizó con mi piel. Las mangas largas dejaron de ser un requisito, y las miradas cada vez eran menos presentes en ese punto de mi cuerpo. Poco a poco dejé de poner atención al tema hasta que tuve ese sueño que todos dicen haber tenido alguna vez en su vida. No tengo necesidad de explicárselos, pues si no lo han vivido, pronto lo tendrán. Ese sueño cambió todo. Mi vergüenza se volvió orgullo. Mi temor por ser señalado se convirtió en un estandarte de la máxima libertad a la que un ser humano puede aspirar. Quitarse la vida es una declaración política de la máxima propiedad y de la máxima hazaña. No perdí oportunidad para pintar ligeramente la cicatriz de un tono más rojizo. Después fue un cuchillo, con el que hacía pequeñas marcas para reavivar la herida en algunos puntos. No quería hacerla lucir como una nueva herida, sino simplemente resaltar un tatuaje que manifestaba mi voluntad absoluta.

El sueño se repitió y decidí romper la piel. La sangre fluyó, mientras miraba los dibujos que se hacían sobre mi piel. Nada grave, no pensaba quitarme la vida. La exclusividad de mi cuerpo se volvió un escándalo entre mis amigos, pero mi perspectiva se había transformado. No tuve que explicar, solo dejar que sus miradas supusieran lo que para ellos era lo peor. La piel eventualmente se cerró y yo dejé de pensar en el asunto nuevamente.


Anoche la herida se abrió y me habló. Eso de que mi voluntad era absoluta al momento de decidir quitarme la vida la hizo reír. En todo momento fue su acto y no mi voluntad la que la mantuvo viva y creciendo. Más allá de la herida física, fue en la mente donde siguió creciendo hasta un tamaño que ya era insoportable. Me recordó que fue ella quien me hizo abrir la caja con una tijera, y fue su decisión que la hoja atravesara mi piel. Desperté solo para descubrir mis sábanas con sangre. Vi que había sido mi mano la que reabrió la herida, pues mis dedos de la mano izquierda tenían huellas de haberlo hecho. Fui a mirarme al espejo y descubrí lo pequeño que era frente a todo. La libertad del ser solo se concibe en contraposición con la construcción que tengan los demás. Si mi herida cobró vida fue solo por haberme engañado creyendo que podía crear sin el consentimiento del resto. Me transformé para volverme lo mismo.