jueves, 16 de junio de 2016
martes, 7 de junio de 2016
Zacatlán land
Tenía que reunirme con el candidato.
Fueron tantos meses de dedicarle mi tiempo, vida y energía, que esa mañana sentía que algo me faltaba. Mañana comienzan los conteos distritales, pero ya es un hecho que el candidato perdió la gubernatura. Se nos fue de las manos por pensar que la teníamos ganada. Nunca aceptaré esto públicamente ni con amigos, pues seguramente el discurso será que perdimos porque los otros compraron votos. Tendremos que armar los casos, juntar la evidencia, irnos a los tribunales, tratar de recuperar algo.
Verán, el señor se la pasaba en su rancho viendo cómo crecían sus becerros, revisando si las ciruelas ya estaban listas para cortarlas. Los delegados de la capital iban y venían, reportaban la falta de entusiasmo del candidato. Hasta su hermano el exgobernador le llamó para regañarlo. Él tomó la llamada pero solo se dedicó a gruñir y emitir otros sonidos guturales. En su cabeza ya tenía ganada la elección y podía dedicarse a lo que más le gustaba. De hecho, su plan para cuando fuera gobernador era pasar dos días en la capital para despachar lo urgente, y el resto de la semana en su ranchito al poniente de la ciudad.
Todo esto lo sé porque una vez se puso pedo y me lo contó. Estábamos en su rancho, recorriendo las brechas, poco antes de pasar a Santa María a tener un acto de campaña. El evento era a las cuatro y ya estábamos rondando las tres y media. No había forma de que llegáramos a tiempo, y mucho menos de que se le quitara la cara hinchada de tanto sotol. El candidato me dijo que no me preocupara tanto, que a la gente le gusta que sus candidatos lleguen tarde "les haces sentir que eres una persona importante, que tienes cosas qué hacer, pero que aún así, aunque sea tarde, llegas a saludarlos, a preguntarles cómo están, qué les hace falta. Un pinche candidato que llega a tiempo no inspira la imagen que debería. Y bueno, un candidato así no gana las elecciones. Toma nota, Faustino. Algún día, si sigues trabajando como lo has venido haciendo, algún día va a ser tu cara la que esté en la boleta".
Su cara estuvo en la boleta, pero ahora su cara era el segundo lugar. Pinche candidato.
Fueron tantos meses de dedicarle mi tiempo, vida y energía, que esa mañana sentía que algo me faltaba. Mañana comienzan los conteos distritales, pero ya es un hecho que el candidato perdió la gubernatura. Se nos fue de las manos por pensar que la teníamos ganada. Nunca aceptaré esto públicamente ni con amigos, pues seguramente el discurso será que perdimos porque los otros compraron votos. Tendremos que armar los casos, juntar la evidencia, irnos a los tribunales, tratar de recuperar algo.
Verán, el señor se la pasaba en su rancho viendo cómo crecían sus becerros, revisando si las ciruelas ya estaban listas para cortarlas. Los delegados de la capital iban y venían, reportaban la falta de entusiasmo del candidato. Hasta su hermano el exgobernador le llamó para regañarlo. Él tomó la llamada pero solo se dedicó a gruñir y emitir otros sonidos guturales. En su cabeza ya tenía ganada la elección y podía dedicarse a lo que más le gustaba. De hecho, su plan para cuando fuera gobernador era pasar dos días en la capital para despachar lo urgente, y el resto de la semana en su ranchito al poniente de la ciudad.
Todo esto lo sé porque una vez se puso pedo y me lo contó. Estábamos en su rancho, recorriendo las brechas, poco antes de pasar a Santa María a tener un acto de campaña. El evento era a las cuatro y ya estábamos rondando las tres y media. No había forma de que llegáramos a tiempo, y mucho menos de que se le quitara la cara hinchada de tanto sotol. El candidato me dijo que no me preocupara tanto, que a la gente le gusta que sus candidatos lleguen tarde "les haces sentir que eres una persona importante, que tienes cosas qué hacer, pero que aún así, aunque sea tarde, llegas a saludarlos, a preguntarles cómo están, qué les hace falta. Un pinche candidato que llega a tiempo no inspira la imagen que debería. Y bueno, un candidato así no gana las elecciones. Toma nota, Faustino. Algún día, si sigues trabajando como lo has venido haciendo, algún día va a ser tu cara la que esté en la boleta".
Su cara estuvo en la boleta, pero ahora su cara era el segundo lugar. Pinche candidato.
lunes, 6 de junio de 2016
(100) Whatsapp
- Habrás notado que las redes sociales dejaron de tratarse sobre contenidos nuevos y comenzaron, poco a poco, a ser más sobre contenidos compartidos, creados por terceros.
- Los memes
- No solo los memes, sino todo. Revisa tu historial en Facebook y Twitter, el de tus amigos. Dejamos de escribir. No se trata de algo poético ni filosófico sobre cómo nuestras ideas se parecen. No. Literalmente dejamos de escribir, solo compartimos las ideas y las publicaciones de otros.
- Pero, entonces, si compartimos las ideas de otros, alguien tuvo que escribir esas ideas. Aunque mis amigos sean reproductores huecos, habrá quiénes todavía se sientan a escribir.
- No. Ese es todo el punto. Nadie escribe esas ideas. Son logaritmos.
- No otra de tus historias, Anselmo.
- Logaritmos. Funciones programadas por computadoras que cada determinado tiempo arrojan combinaciones de fotografías, ideas/chistes/parodias/pensamientos. Hace mucho que dejamos de hacerlo nosotros.
- Entonces ya nadie escribe
- Eso es lo que te estoy diciendo. Primero sospeché que podrían ser programadores que buscaban homogeneizar los pensamientos, empresas u organizaciones que, a través de estas publicaciones de superación personal o chistes y memes, buscaban hacernos más predecibles en nuestros patrones de consumo y opinión, todo para fines mercadológicos. Esa hubiera sido una salida fácil. Investigué y se trata de algo más.
- Ahora me dirás que las corporaciones son controladas por supercomputadoras, que viven en las redes sociales y que se entretienen produciendo videos, imágenes, chistes, para algún extraño propósito que rebasa nuestra comprensión.
- No dije eso. Los logaritmos no viven en las redes sociales. Ahí solo se manifiestan. Los logaritmos ya viven en nuestras cabezas, en nuestro aire. Se han vuelto moléculas que respiramos, que desechamos y que alguien más vuelve a respirar. He visto las máquinas. Están en los desiertos.
- Cómo llegaste ahí.
- Fue en un viaje de la escuela, el año pasado. Me perdí, terminé encontrando esas enormes chimeneas.
- Esa era la vieja fábrica de cemento, en la salida del pueblo.
- Pero la podrían estar usando contra nosotros.
- Ya tengo más de cien notificaciones nuevas, mejor platicamos después.
- Los memes
- No solo los memes, sino todo. Revisa tu historial en Facebook y Twitter, el de tus amigos. Dejamos de escribir. No se trata de algo poético ni filosófico sobre cómo nuestras ideas se parecen. No. Literalmente dejamos de escribir, solo compartimos las ideas y las publicaciones de otros.
- Pero, entonces, si compartimos las ideas de otros, alguien tuvo que escribir esas ideas. Aunque mis amigos sean reproductores huecos, habrá quiénes todavía se sientan a escribir.
- No. Ese es todo el punto. Nadie escribe esas ideas. Son logaritmos.
- No otra de tus historias, Anselmo.
- Logaritmos. Funciones programadas por computadoras que cada determinado tiempo arrojan combinaciones de fotografías, ideas/chistes/parodias/pensamientos. Hace mucho que dejamos de hacerlo nosotros.
- Entonces ya nadie escribe
- Eso es lo que te estoy diciendo. Primero sospeché que podrían ser programadores que buscaban homogeneizar los pensamientos, empresas u organizaciones que, a través de estas publicaciones de superación personal o chistes y memes, buscaban hacernos más predecibles en nuestros patrones de consumo y opinión, todo para fines mercadológicos. Esa hubiera sido una salida fácil. Investigué y se trata de algo más.
- Ahora me dirás que las corporaciones son controladas por supercomputadoras, que viven en las redes sociales y que se entretienen produciendo videos, imágenes, chistes, para algún extraño propósito que rebasa nuestra comprensión.
- No dije eso. Los logaritmos no viven en las redes sociales. Ahí solo se manifiestan. Los logaritmos ya viven en nuestras cabezas, en nuestro aire. Se han vuelto moléculas que respiramos, que desechamos y que alguien más vuelve a respirar. He visto las máquinas. Están en los desiertos.
- Cómo llegaste ahí.
- Fue en un viaje de la escuela, el año pasado. Me perdí, terminé encontrando esas enormes chimeneas.
- Esa era la vieja fábrica de cemento, en la salida del pueblo.
- Pero la podrían estar usando contra nosotros.
- Ya tengo más de cien notificaciones nuevas, mejor platicamos después.
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